miércoles, 18 de julio de 2007

Prejuicio Final



By Ale Morandini

domingo, 1 de julio de 2007

Autobiografia pardigmática

Un gesto marcado en la boca.

Un par de verdades entre las que oscila
un dudoso amor por ciertos sabores
que no le han hecho nada bien.

(Allá lejos, como por detrás
una voz lenta
un murmullo o quejido
de culpas, de reproches).

jueves, 22 de marzo de 2007

BRUTAL HONESTY

To Women, As Far As I'm Concerned

The feelings I don't have I don't have.
The feeling I don't have, I won't say I have.
The feelings you say you have, you don't have.
The feelings you would like us both to have, we neither of us have.

The feelings people ought to have, they never have.
If people say they've got feelings, you may be pretty sure they haven't got them.

So if you want either of us to feel anything at all
You'd better abandon all ideas of feelings altogether.

D.H Lawrence

lunes, 12 de marzo de 2007

Una capitulación

(n del b: Coherente con un anti-borgismo en boga, la siguiente provocación intelectual, dirigida siempre a amigos cercanos con pocas palabras y muchas muecas, en las manos de un poeta menor, poscontemporáneo en aquella época, hoy quizás demodé, sutil hasta el hartazgo. El intento de ensayar una ideología distinta de las ideologías y de los discursos sobre las ideas, hoy tan malogradas. El carisma de la honestidad. El amor de los hombres)


LA VIDA Y LA BRUJULA

Borges, diciembre 67

Un día hablé contigo en la penumbra
de un cuarto americano, breve y limpio,
con unas flores blancas de distante
verano (entonces era invierno afuera
y cubría la escarcha el césped).
Bajo qué signo allí nos congregaba
el azar, tarde lo sabría, aunque
nunca de un modo irreparable. Voz
la tuya como el gris del mobiliario,
pausada y firme, iluminada a trechos
por adjetivo insólito o compadre
giro. Frías y pálidas, las manos
subrayan en el aire lo que tocan
tus palabras, y al flojo cuerpo allegan
vida que sólo existe tras los ojos
grandes y ciegos: tu niñez en Suiza,
confortable a tu cuerpo y a tu mente;
la patria entre los libros, ellos mismos
tu patria más constante y valedera:
Ascasubi, Martin Fierro, The First
Men on the Moon o largas noches dentro
del torbellino cósmico que el ánimo
del viejo mellan; Donne, Hawthorne,
Melville, trasgos de seis cuerdas, algunos
borradores primeros de tus versos
o la tersa sustancia de tu prosa,
compacta como el agua y como el agua
moldeable a la forma de tu ingenio.
Y luego el laberinto de las noches
y los días: los muros que te aíslan
el presente: es el tiempo tu materia
y el pasado no basta: ¿qué se pierde
por jugar a inventarlo? Fatigaste
las citas y los nombres: eran clave
su historia de tu vida no vivida.

Atento entrevistaba tu odisea
sin compartirla. ¿
Y Fidel Castro? - dije-
Ud. ha firmado manifiestos contra
él. "
En mi país la dictadura
me persiguió: abomino del fascismo
como del comunismo
". Al libre arbitrio
de tu reflexión puse un comentario
irónico. Con torpe petulancia
compromiso exigía donde es lícito
pedir labor bien responsable, obra bien
hecha, no mercenario tráfico.
Sólo por su obra el poeta la fe debe
arriesgar. ¿Qué otra cosa daba señas
más veraces de tí sino tus obras?
Mas yo por unos actos te juzgaba,
no por tus libros. Y ellos restituyen
al hombre dignidad, si es que éste pudo
acarrearse una hostil investidura.

Han pasado los días y sus hechos
locales, vanos aunque en experiencias
pródigos. Mucho aprende el que ama
su oficio, y honestamente lo ejercita
no para aprecio del feriante: para
poner su vida en limpio. De aquel tiempo
la fe subsiste con flexible
amor, dejando el mito a quien pudiera
con estrategia difundirlo. Puras,
tanto como creadas por humanos,
miro pasar ahora las palabras
que el aire desvanece o fortifica
su propio material. ¿Y puedo
con esto reparar cuanto deshice?

Algunas flores blancas en el aire
nocturno de mi cuarto (allí dispuestas
por el mismo destino que juntara
nuestro azar en América) me acercan
tu voz y tu figura: un libro breve
y el alma que lo habita. Te comparto
ahora que comprendo cuánto vale
el humano trabajo y lo respeto.
Perdona mi mezquina estupidez.
(1969)

Lázaro Santana, en
Poetas españoles poscontemporáneos, Barcelona, 1974


jueves, 1 de marzo de 2007

Fashion style: El arte del Acecho

Del 9 al 11 de Marzo, en los espacios astrales de los talleres f (x), El Salvador 5832, fashion showroom, mística universal, simbología trascendental y elementos de indumentaria conceptual. Entrada libre y gratuita.

martes, 2 de enero de 2007

Tucumán

Eventualmente uno termina despoblado en una zona que se le antoja familiar. Mientras algunos descansan kilómetros y humedad con soberbia horizontal, la decisión de girar un poco la noche en San Miguel (y perderse) se descubre algo pretensiosa. Quiero, con esto, decir las calles angostas y los edificios ridículos, graves, masticados por un tiempo que trajo todas las fachadas del olvido. Decir la semejanza que hiere a Buenos Aires , tan definida desde interiores conocidos, desde sus límites urbanos y salientes. Sin embargo no queda más que un silencio pasmoso, absurdo, anticipando funerales de muertos constantes, ya ausentes al rito, a la forma de súplica, ya libres de pecados y sin dirimirse bajo ningún vaivén de los extremos, librados al hastío como por una suerte mayor que los define.
Parece imposible, irónico, que el norte sea desde acá mucho más lejano que desde la ciudad de la que partimos, inevitablemente. Nada emula el Tucumán aquel que narran los mitos, ya un poco fúnebres, y todo se empecina en afirmar el letargo indefinido de que todo eventualmente puede morir sin gracia, sin contornos, plegarse ante la gravedad y dar la cuesta al día.
Pero también puede uno perderse, a la noche y a la tarde, con o sin Belén para intentar descifrar las plazas infinitas que puede encerrar la Plaza de la Independencia, por lo demás la única que merece nombre. (Belén adquiere una levedad ritmica, más parecida al desapego que a la alegría, y escondemos de los ojos azules del parque una cerveza, con el afán de persisitir en el intento de entender donde está el pecebre ilógico, o los símbolos patrios que debieran llevar al hostal). Y todo, cabe decirse, bien entraría en la simetría anarquista de un sueño, con la misma lentitud borrosa e incomprensible.
Cuando todos duermen y se reinventa el tono ridículo de la individalidad, el orgullo patético de caminar calles para desentrañar soledades nuevas, y reinventar melancolías que ebullen del tono local, encuentra que alguien plantó acá la semilla de un hogar que en principio queríamos jugar a olvidar, y las ocurrencias porteñas que se tornaban agobiantes, vuelven con la misma humedad y el mismo silencio de nada decir. Entonces uno puede obtener la gracia mayor de las cosas, sin intermediarios, de la madera obtusa de la cama, de la sensación de encierro, de la mirada sospechosa de José vigilando la noche y el hostal, del cuarto de gente infinitamente conocida. Y de esta forma, basta con decir "hasta luego" y tratar de dormir sin sueño una tristeza ajena, de capitales nocturnas cansadas por tanto sostenerse para la vanidad del tiempo. Volverse hacia el viaje que descansa por sobre el presente y se arrima leve, con la desesperación de una tortuga volcada, hacia Tafí del Valle.

jueves, 21 de diciembre de 2006

Los Heraldos Negros

LOS HERALDOS NEGROS

Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé.
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé.

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como un charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes ... Yo no sé!


César Vallejo, Los Heraldos negros ( 1918)